Filipinas es uno de los países en donde más he aprendido y más sorpresas y me he llevado. Vivir en este país asiático ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida; agradezco al Universo que me puso en este lugar en el momento adecuado, precisamente cuando yo lo necesitaba. Este fue un vuelo largo, no solo por distancia, sino por todo lo que implicaba ir al otro lado del mundo, sin conocer a nadie, sin un plan detallado, pero únicamente con la intuición de que quiero hacer algo en mi vida, algo diferente, y si dentro de ese «algo» es ayudar a alguien, ahí estoy yo; siento que ese es mi lugar. Fue intuitivo cuando me dijeron: Puedes ir a tres sitios: Italia, Grecia o Filipinas, y yo pregunté: en donde se necesita más ayuda? en qué lugar yo seré más útil? y me dijeron Filipinas. Mi respuesta fue: muy bien cuando tengo que estar ahí?
Lo primero que hice es ver en el mapa el lugar exacto en donde está, pues ese si correspondía a los países paradisiacos poco conocidos a los cuales alguna vez quise ir, pero no me hizo ilusión ir ahí por ser un país paradisiaco, me dio alegría saber que voy a trabajar para alguien que de verdad lo necesita. Me puse al corriente de datos generales a cerca del país, lenguaje, moneda, economía, ciudades principales. Tuve muy poco tiempo para analizar mi ida, para planificar y organizar ideas.


Hasta ese entonces la Dayana que decidió emprender una intrigante aventura para « una experiencia profesional » en Asia, tenía objetivos muy claros de lo que buscaba en su vida en el ámbito profesional, sabía que esta era una oportunidad laboral grandiosa para posesionar mi curriculum, esto aportaría como un punto sobresaliente en mi carrera profesional, sentía que el tema laboral lo tenía resulto. Y en el ámbito personal también ganar dinero para mantener una estabilidad económica, quien sabe luego tener una familia, viajar, estudiar más, hacer lo que se me apetezca. Bueno, en conclusión en mi cabeza estaba aún el modelo de vida estándar que predomina en la sociedad, hacer dinero, casa, coche, viajes, familia, hijos, más dinero, y luego ya ni sé que viene.
No me daba cuenta de que estos objetivos estaban completamente desordenados en mi vida, y que después de esta travesía aprendería a ver más allá de lo que mis ojos habían aprendido a ver, y que mi corazón empezaría latir por verdaderos sentimientos de plenitud.
Dentro de 7.107 islas que conforman todo el país de Filipinas, la Isla Mindanao me abrió su corazón, y es aquí en donde empecé a construir mi nuevo hogar.
Bienvenida!
Fue la primera vez que me sentía tan lejos de mi mundo, desconectada del entorno habitual que yo conocía, los primeros días me preguntaba: estoy segura de que voy a vivir aquí? de verdad quiero quedarme? A los 3 días de hacerme esas tontas preguntas, sentí como todo el ambiente me envolvía en una atmosfera de paz, ligereza, tranquilidad y absoluta libertad.
Estaba viviendo en un pueblo pequeño de territorio, pero inmenso de amor y con un gigantesco corazón, tenía una familia que me dio todo como a un miembro más, tenía una madre un hermano mayor y un hermano menor, tuve tíos, primos, en sí una gran familia.
Toda la gente que estaba a mí alrededor, absolutamente todos me regalaban una sonrisa y amabilidad, me sentía cobijada con un cariño inmenso y desinteresado, mis compañeros de trabajo, mi nueva familia, los vecinos, los niños de las escuelas, la gente de los mercados, todos tenían gestos de cariño inexplicables conmigo.


Filipinas...
La mayoría de la gente de este pueblo vive de la agricultura, y hay un porcentaje alto de familias que apenas tienen un techo para vivir, buscan a diario la manera de llevar un pan a la mesa de su hogar. En condiciones mínimas sobreviven con la convicción de que mañana será un día mejor.
Estas personas que vive alcanzadas su día a día, con muchas necesidades pero con demasiada alegría en el corazón, me daban algo que en ningún lugar del mundo encontré. No podía entender como todos mis conocidos se esmeraban por darme lo mejor de ellos, todos los días tenía invitaciones a sus casas para comer, me invitaban a coger frutas, íbamos a sus sembríos de arroz, hacíamos dulces, cantábamos en karaoke, practicábamos zumba todas las tardes, nunca tuve oportunidad de aburrirme, todos los días había una nueva actividad.
Era una perfecta desconocida para ellos pero no existía restricción en su bondad y cariño hacia mí. Las personas que me rodeaban pudieron darme tanto y me enseñaron a ser feliz con tan poco. Mi gente filipina de corazón amplio, amabilidad indefinida y sonrisa sincera fueron los responsables de darle un giro a mi vida, mis pensamientos hacia elegir los caminos y tener una vida feliz cambiaron al 100%. Con ellos comprendí que existen valores que no sólo se enseñan, se aprenden sintiéndolos.
Todos los cambios son buenos, y no ocurren de la noche a la mañana, requiere tiempo y aprendizaje. Fueron muchas las experiencias, anécdotas específicas que viví aquí y poco a poco iré relatando en mi blog.

Lo que para mí en su inicio fue una aventura con intriga y sosiego, se convirtió en mi mejor decisión. Filipinas y su gente ahora son mi puerto, han pasado años y no pasa ninguno sin que deje de pensar que algún día volveré, quiero regresar y compensar todo lo que ellos con amor hicieron por mi.
Yo iba con la intención de ayudarlos en un proyecto, y resultó que ellos me ayudaron a cambiar mi vida para siempre.
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